4 may. 2009

El cuarto de las estrellas

Vigilando las estrellas, me encuentro en el cuarto interminable del cielo nocturno. Veo, volteo al cielo. Determino si aquellos brillos son sólo ilusiones de mi mente. Cabilo que en este cuarto nunca he entrado. Olvidé sus puertas y sus troncos. Olvidé los marcos y quedé deslumbrado. No he volteado a mis alrededores. Solo siento un frío piso de loza en mi espalda. De vez en vez, saco de mi chaleco un poco de pan, lo muerdo y sigo recostado viendo la Via Láctea...

29 ene. 2008

El qué soy...

En mis memorias las nubes desaparecen. Pero en los muros de esta casa, aparecen pinturas, cada una de ellas, más primitiva, cada una de ellas, pareciera ser pintada por personas mas ajenas, de otros lugares, de otras culturas, de otras razas. Pareciera raro que en todas ellas encontrara algo de familiar, pareciera que cada una escondiera en si misma un episodio de mi vida, de mi pasado, de aquella certeza con la que existo, con la que vivo.

En una se mostraba a un perro al que alguna vez quise mucho, pero no era yo el que lo acariciaba, en otra hay un paisaje muy similar al cielo rosa que aconteció en aquella primavera imprescindible, aquella de la muerte de mi madre. En otras pinturas aparecen algunos de mis amigos vestidos con otras ropas diferentes y en otros lugares. Pero no son mis recuerdos, no son mis reflejos los que hallo en la casa.

Sigo deambulando, caminando por pasillos con puertas cada vez mas sencillas, con figuras cada vez mas remotas, olvidando que olvido, y perdiéndome en cada paso
hacia algo que casi se desvanece: Hor. Todavía pretendo pensar que se encuentra en algún rincón, seco, ciego, comiendo paredes y tropezando con inmundicias, lamiendo recuerdos, olvidándose a si mismo, hablando en seco, con esa voz que no se escucha, con ese pensamiento que casi no se imagina, paseando solitario por esos cuartos de la vida, por esa similitud monótona que le impide percatarse de la salida o de la entrada, o del estar en un lugar que es ajeno, sencillo, remoto.

Me paso la vida recordando lo que hago en este lugar, porque el tiempo de aqui cada vez se vuelve más inconcistente, menos constante, más demente. Me la paso buscando no perder una noción, no dejar de imaginar. Afuera de la casa las cosas no eran muy diferentes. Vivia en una constante busqueda, en un paralelismo monótono en el que mi alma se refugiaba en mis miedos, en perderme, en llegar a la locura. Aquí, solo me mantiene la imaginación, la capacidad de poder visualizar a Hor como algo, como un ser que se a encerrado en un lugar para olvidar su pasado, para evadir su futiro, pera negar el destino. Yo, solo quiero pensar que puede llegar a haber ese ser, como quiera que sea, estando, y voy a cuestionarlo porque me cuestiona a mi mismo, porque no me deja dormir el pensar que puedo entrar en su ser, en su histora, que puedo comprendera, que puedo llegar a sentir empatía y coraje por lo que le ha acontecido, y luego, quedarme de brazos cruzados sin decirle nada, sin buscar rascarle en sus recuerdos.

Para mi, yo soy un recolector de recuerdos de Hor.

2 sept. 2007

Lo Nocturno

Acá no es de día ni de noche. No hay tal luz. Sólo reflejos mínimos para que te puedas percatar de los muros, secos y amarillentos, escasos de algo más que una planicie indescriptible.

Sabes que es de mañana por los olores de afuera, que te comienzan a llamar de tu lado más sonámbulo, de tu ser falaz, de tus sueños ya no tan irreales. El olor a pasto y mala hierba, puede ser de uno de los patios, o de la salida, o de la entrada, o de un ventanal que se aleja a una altura que no puedes llegar porque que no puedes escalar los muros de las paredes. Cuando lo intentas, comienzan a crujir por tu peso y se rompen si llegas a escalar.
He estado aquí menos de una semana. Lo recuerdo, porque lo tengo apuntado, al menos cada vez que despierto por ese aroma, trozo un pequeño hilo de mis pantalones y lo amarro en una cuerda que llevo en la bolsa del pantalón, me ayuda a esperanzar mi desolación, me hace creer que aquí se puede medir el tiempo.

Poco a poco he notado que el silencio en este lugar resulta un tanto perturbador, ni el aire, ni el crujir de los muros, ni el pasar de mis pasos, casi nada es escuchado en este lugar, todo es un silencio cautivo y sin pesar, relaja y perturba de manera aleatoria mientras uno comienza a correr por los pasillos, como desenfrenado, como desesperado intentando huir de este lugar, de este sueño. Nunca se ha despertado, aparentemente.

Lo intrigante es que aquí no hay luz y uno puede ver perfectamente, quizás sea porque no hay mucho que ver ni hacer en este lugar, todos los cuartos son muy similares ente si. La orientación parecía ser algo congruente, pero, desde la entrada a esta casa dejó de haber un norte o un sur. Todo pasa porque aquí las cosas no son fijas. He pensado que el mundo lejos de esta casa es el que es deshonesto, pienso ahora que en esta casa uno es el que deja de estar fijo y comienza a moverse realmente, el problema es percatarse de la inmensidad de la casa. En este lugar uno descubre que el mundo de afuera así es, solo que mas hipócrita. Pretende definir, garibolear, hacerte creer, cuando en realidad, vagas solo en él, sin alcanzar ventanas, o sin descubrir lo que realmente buscas.

¿y Hor?
No he visto rastro de él, pienso que alguna vez también paso por este lugar, pero ahora no veo registro de algún otro ser en esta casa, al menos no Hor.

¿y los seres?
Son muchos. Pero son sólo compañeros de viaje. La lámpara del recibidor, la puerta, las sillas viejas y tiradas con dos o tres patas, los marcos, la puerta que abre al salón principal, y luego, interminables salones principales en los que deja de haber sentido, y en los que deja de haber congruencia, todos con muebles parecidos, con muchas puertas, con distintas formas.

El lugar es como un sueño, como algo que no acaba, como algo neutro y nocturno. No es constante, hace que olvides tus pasos, y tus ideas. Te penetra una sensación de necesidad y ansiedad, te comienzas a desvanecer, y vuelves a despertar a la siguiente mañana, con el olor del pasto, o con un vestigio de luz. En algunas gavetas hay comida. En otras, algunos consumibles. Por la sed, todavía no me preocupo, siempre he sabido que los muros de esta casa curan el hambre y la sed. No he visto muros mordisqueados, ni excrementos. Los míos los guardo bien.

Actúo todavía como si estuviera afuera de este lugar, pero porque quiero mantener mis ideas, porque no quiero perder mi soga, y porque creo pensar o saber que el tiempo en esta casa se puede contar, y que los 21 nudos de la cuerda en mi pantalón señalan las tres semanas que he estado aquí.

31 ago. 2007

El Primer Paso...

El otro dia, ese que no se si ha sido o fué ayer, o está siendo ahorita; ese, el otro dia que será cuando ya ha sido o biceversa; entré a la casa de Hor. Lo supongo porque mi paso me ha regresado a la entrada y he visto aquel paisaje que caminé para llegar a ella. Creo que dejé la puerta abierta, o quizás nunca estubo abierta. La puerta estaba, de eso estoy seguro, pero son detalles en los que uno no se puede fijar cuando entra en esta casa.

El primer paso en ese lugar siempre es ilusorio, como todo en el lugar en dónde me dijeron que vivia aquél Hor, que yo creo como un ser de cabeza similar a la mezcla de algún equino con un bovino, cuerpo antropomorfo, con cola, pies con pesuñas, con orejas muy grandes tapadas con una especie de membrana delicada y enorme, ojos saltones y con cataratas (cómo estando ciego), y con la boca abierta casi en su totalidad con las cuerdas vocales casi de fuera (junto a los dientes) con lo que vibran con facilidad para hacer un ruido casi inperceptible.

Alli no se sabe nada, y en realidad la realidad no es definible (no muy diferente que afuera de este lugar). Tambien me dijeron eso. No hay mucha diferencia, y por eso he supuesto que he entrado. La primera prueba para entrar a ella (si es que hay pruebas) quizás sea pensar que se está retrocediendo, o que no se está adentro. Pero cuando se vé para atrás se ve el camino por el que se ha llegado: la nada. No hay muchas opciones, pero al entrar, quizás pase lo mismo que al salir, asi que mi primer paso (retroceder al lugar que creí que era la entrada) no suena descabellado. Regresar parecería más sencillo, pero ya he pasado por ese lugar antes y la verdad ya no recuerdo ni cómo llegar a él.

Por otra parte, las orillas son de baldosa minuciosamente laborada, casi brillante en este lugar en el que la luz carece de importancia porque no se puede discernir entre ella misma y la oscuridad de los lugares. Quizás antes o después, en otro tiempo, esa baldosa lucía muy bonita, como rodeando el jardín de la entrada que quizás estubo o estará.

Hablo en este raro pasado-futuro, porque aqui el tiempo carece de importancia y sentido, no se tiene la seguridad de que se está; sólo me preparo para ver si puedo seguir aquí, sin sentido, sin vector de tiempo en mi espacio de m/n dimensiones.

Los ventanales se han visto a lo lejos, con una minuciosa colocación para que la altura a la que se esté, siempre parezca lejana, pero alcanzable. Eso quizas sea otra ilusión de la casa, o de Hor, o de las baldozas que se hacen cada vez más amorfas y menos bellas.

He visto varias puertas, y para cuando me asomo a ver a dónde llevan, me percato que son la entrada y que no me he movido de ella, como si cada paso que diera, me llevara a aquel lugar, a aquer primer paso del que comencé hace ya rato.

Uno aprende a no desesperarse en este sitio, es peligroso, tienes que ser persistente y tener tu alma dedicada a lo que se puede dedicar, la fortaleza de no caer derrumbado por la paranohia u otros conceptos; es un ejercicio que no termina nunca, porque tampoco ha empezado. ¿Y cómo va a empezar si a cada paso llego al mismo sitio?

Difra me dijo que es un poco porque evado. Yo, o el no yo que soy yo, o que es él que no soy yo pero que está en eso que parece ser mi cuerpo, piensa que es porque existen mecanismos demaciado elavorados en su cabeza que lo o me obligan a siempre evadir. Pero no he querido, o no me he dado la oportunidad de analizarlo, y cuando llego a alguna conclusión, me siento a hacer otra cosa, como evadiendo ese pensamiento que se que era una guia para una respuesta, y lo olvido. Es por eso que no es importante el tiempo en este lugar.

Me senté un rato a dormir para saber si ya habia entrado, y desperté en el mismo sitio, con el piso de bonitas baldozas rodeando ese interminable pared, que cuando da vuelta te deja en el mismo lugar del que saliste; que si ves una puerta diferente, es como de salida, y que si volteas para ver dónde estás, es la entrada; como cuando vas a dar el primer paso y no te animas, o al darlo, eventualmente llegas al mismo punto.

28 ago. 2007

La Entrada

Quien sabe cómo, o cuándo, o dónde. Quién sabe muchas cosas, y sabe todo, por lo que no sabe nada.
Nada sabe a lo que Hor come, ese sabor que es indescriptible e insaboro para los que somos. Hor es quien es, Hor solo está en este lugar, y nadamás.

Empezó saliendo, huyendo de una mentira, huyendo de sus sueños y sus pesadillas. A veces las recueda como bagos instantes con estructura y emoción. A veces lo hace con mucho miedo, como si despertara con un fantasma en la cabeza que lo estubiera torturando.

De Hor no hay mucho que hablar porque él no habla, susurra, y de él no queda mucho al menos no de su pasado. De su presente sólo se acuerda que vive por esa inercia que lo sigue persiguiendo. Se sabe dentro de un lugar al que no recuerda o que quizás se modifica a su paso, él lo modifica y la casa está viva porque él está alli. Su asolación lo ha vuelto algo diferente, lo ha transformado, ya no habla, sólo susurra cosas hermosas e indescriptibles para los que somos, para los que lo podemos oir a lo lejos, como un susurro ínfimo del viento cuando choca entre si, muy tenue, muy melódico, como el choque de dos estrellas en el infinito, como el sonido que cruzó el todo, y al fin, despues de una infinidad de tiempo, se llegó a escuchar, con la menor fuerza posible, como el susurro de Hor, que apenas se oye.

En esta casa las cosas pasan como en un laberinto, como en un lugar en el que no hay salidas. No entras a menos de que puedas entrar, y sólo pude entrar el que ya está adentro de ella. Sólo Hor puede estar en ella. Yo solo lo buscaré, porque quizas esté demaciado solo alli adentro, o porque quizas él sepa como salir de este sitio.

Yo no soy Hor